Los sumerios fueron los primeros en usar la escritura. Al menos hasta hoy no hay vestigio de que alguien lo haya hecho antes que ellos. Así pues, aceptaremos que debemos a este pueblo milenario la invención de tan útil herramienta. Quizá los arqueólogos del futuro descubran otra cosa, pero hasta hoy así están las cosas.
El profesor inglés Thomas Hude la definió como escritura "cuneifrome" , es decir, en forma de cuña. Es decir: los caracteres de esta escritura tenían esa forma. En este punto, anexo una imagen para darnos una mejor idea de este tipo de escritura:
Esta herramienta facilitó a los pueblos de la Antigua Mesopotamia llevar mejor las cuentas y algunos otros asuntos administrativos. La figura de el escriba toma fundamental importancia, pues se vuelve factor determinante para dar unión e identidad esa antigua civilización. Según algunos estudiosos, en el año 3000 antes de nuestra era, ya había una relación maestro-alumno como la que hoy conocemos, en una academia donde se enseñaba a los jóvenes el arte de los escribas. A esta institución se le ha dado el nombre de é-dubba que significa casa de las tablillas. Esto propició que el uso de la escritura se extendiera, además de asuntos de comercio y administrativos a la producción literaria, que es lo que aquí interesa.
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